El Congreso, del Coliseo al Ágora

Quienes esperaban ver esta semana el Congreso a guisa de Coliseo romano se llevaron una decepción. Si bien no hubo los enfrentamientos como en su momento con los transportistas y estudiantes de la FEC, lo que se vio esta semana en el Congreso local podría considerarse, dentro de los cánones de nuestra democracia, como un genuino acto del parlamentarismo republicano.

No hubo insultos, estridencia, pero sí diálogo, exposición de ideas, datos, planteamientos de problemas y posicionamientos, y eso se agradece, de cierta forma, en los tiempos actuales cuando parece imperar la discusión estéril, histriónica, a veces, de ciertos personajes de la vida política colimense.

Extraña, sobre todo, que el presidente de la Comisión de Gobierno Interno del Congreso local, Vladimir Parra, contribuyera precisamente a construir este espacio de reflexión, y digo extraña por los tiempos convulsos que actualmente a traviesa Morena, dividido por los protagonismos y los intereses personales.

En el Congreso Local, durante estas comparecencias, no se vio lo que ha pasado en el proceso interno de Morena, donde incluso hasta balazos se han suscitado, entre otra clase de enfrentamientos. Aquí no pasó eso, y gracias a eso se ha logrado dar un cabal cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 31 de nuestra carta magna, relativo a la glosa del informe de labores del poder ejecutivo.

Y no se trata (como pensarían quienes buscan sembrar el germen de la desavenencia; esos que les encanta ver a los políticos pelear) de crear un lazo de complicidad, sino simplemente de dar el mínimo espacio de civilidad política para construir un diálogo, un espacio crítico indispensable, un puente que nos lleve alcanzar soluciones.

Ayer, por ejemplo, compareció el titular de la Secretaría de Planeación y Finanzas, Carlos Arturo Noriega, quien fue cuestionado sobre una serie de temas relacionados con las finanzas públicas del estado, desde el nivel del endeudamiento estatal hasta el tema presupuestario.

Producto de esa comparecencia se sabe que el estado sufrió una reducción de 2 mil 197 millones de pesos por concepto de ingresos de libre disposición y transferencias federales etiquetadas, a consecuencia del complejo entorno económico en el país y la baja recaudación federal.

Sin embargo, a pesar de ese complejo escenario financiero se ha logrado disminuir la deuda bancaria del estado, además de impulsar acciones que apuntalan el tema de apoyos sociales y de infraestructura pública. Se destaca, por otro lado, que la política fiscal es empática, solidaria al contribuyente, pues no se han aumentado ni creado nuevos impuestos.

Al contrario, se ha respaldo en este contexto adverso, la economía de los colimenses, al aplicar apoyos, estímulos y subsidios en beneficio del contribuyente, lo que le ha costado al estado dejar de percibir recursos superiores a los mil 090 millones de pesos. Esto, en los hechos, un rechazo tajante a la recomendación del gobierno federal de aumentar o crear nuevos impuestos.

En cuanto a la deuda pública que hablen los números, los datos dura: al mes de septiembre de este año, la deuda pública directa es de 2 mil 696.9 millones de pesos, de una deuda heredada por 2 mil 805 millones de pesos, lo que representa 108.1 millones de pesos menos que al inicio del gobierno.

Si bien hay un endeudamiento neto en el periodo actual por deuda directa de largo plazo por 149.7 millones de pesos, este crédito cumple la función esencial de invertir en el fortalecimiento de la infraestructura, condición siempre necesaria para el desarrollo de los colimenses en el mediano y largo plazo.

Por otro lado, en deuda de corto plazo –la que más críticas ha generado— se pasó de 908 millones de pesos al cierre del mes de diciembre de 2018, a 774.2 millones de pesos al cierre del mes de septiembre de 2019, lo que representa un abatimiento del 14.7% en términos reales y mantiene a Colima en un nivel menor de aplacamiento de deuda bancaria de corto plazo.

Y es que 2015 representaba el 22.7% de los ingresos de libre disposición, por lo que al cierre de septiembre de 2019, el nivel de apalancamiento representó solo el 13.5% de los ingresos de libre disposición. Todo esto marca un claro antecedente y rechaza la tesis de que se está igual o peor que la administración anterior. Ahí están los números, los datos duros.

Dos puntos:

Habrá quienes busquen que el antagonismo partidista impera sobre la discusión política de los temas públicos. Yo le apuesto más al diálogo y a la construcción de acuerdos en beneficio de la población. Y es que, de acuerdo a la narrativa de nuestra clase política, todos buscan que al pueblo de Colima le vaya bien. ¿O hay algún político que diga lo contrario?