Lo barato sale caro

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En el argot coloquial se dice que lo barato sale caro. Es una frase que tiene cierto grado de axioma. Por ejemplo, hace poco contraté los servicios de un electricista que me daba un precio muy por debajo del mercado para arreglarme una instalación eléctrica. Adquirí sus servicios con la expectativa de generar un ahorro, pero el trabajo que hizo fue tan deficiente que tuve que contratar el servicio de otra persona, la cual me cobró el doble.

Al final fue un gasto mayor, porque no sólo tuve que desembolsar el pago por el primer servicio, sino que también tuve que derogar otra cantidad mayor para arreglar los desperfectos del primero. Así, pues, lo barato me salió muy caro.

El símil es apropósito por lo que sucede en el legislativo local. La mayoría de la población compra la idea de tener diputados baratos, que cobren la mitad de su sueldo. Es un error de apreciación, de no priorizar lo importante: nos enfocamos en que los diputados ganen menos, pero descuidamos las formas legislativas, el trabajo eficiente y la productividad en el congreso local.

Si no fuera porque los diputados de Morena, PT y los que son independientes –otrora morenistas—se comprometieron a reducirse la mitad de sus percepciones, sería un tema baladí, incluso frívolo. Sí, que los legisladores respeten la normatividad: la ley de remuneraciones que mandó el presidente López Obrador y que el Congreso de la Unión aprobó, mandata y obliga a que ningún funcionario gane más que el presidente de la república.

Actualmente, los legisladores en el congreso local, la mayoría partidarios del presidente Andrés Manuel, no cumplen con la ley: se supone que nadie debe ganar más de los 108 mil pesos mensuales del presidente, pero aquí los legisladores locales perciben, con todas las prestaciones y prerrogativas sumadas, un ingreso de 112 mil pesos al mes.

Sí, que respeten la ley los legisladores, así como, moralmente, están obligados a cumplir con su palabra empeñada en campaña. Desafortunadamente, aquí lo barato salió caro: no hay orden ni gobernabilidad en el congreso local. Se ha cambiado, en poco más de tres meses, tres ocasiones al presidente de la comisión de gobierno interno y acuerdos parlamentarios, y actualmente siguen los cambios en las comisiones. Y al parecer van a seguir hasta el término de la 59 legislatura, que tiene todos los visos de un carrusel.

Como un camaleón, el congreso cambia de colores constantemente, de acuerdo a las coyunturas e intereses personales. Esto afecta directamente las prácticas legislativas y los ciudadanos padecemos la aprobación de leyes ambiguas y deficientes, que generan otro tipo de problemáticas.

Ahí está el caso de la ley de austeridad, recientemente aprobada y que generó un conflicto con la dirigencia de la sección 39 del SNTE. El resultado: paros laborales en diversos planteles escolares y la interrupción del servicio educativo, afectando a cientos de estudiantes. Todo eso por una ley mal planeada y que nunca se consensuó ni con el gobierno, la burocracia y los maestros estatales.

La curva de aprendizaje de las y los diputados de la 59 legislatura parece no tener fin. Y los ciudadanos padecemos de la parálisis legislativa, pues en lugar de actualizar el marco legal y promover nuevas leyes que generen mayores beneficios a la población, vemos el circo de los legisladores que se pelean por las posiciones de poder en el congreso.

Dos puntos

En lugar de preocuparnos por que las autoridades se bajen el salario, los ciudadanos deberíamos exigir que se mejoren los ingresos de la clase trabajadora y se presten mejores servicios a la población. En eso se debería enfocar la presión social.