Morena vs Morena

El peor enemigo de Morena no está en el PRI, PAN, PRD o cualquier otro partido, sino en la misma ambición desmedida de sus integrantes. Lo que se vivió en Colima el fin de semana pasado fue un factor sintomático de la enfermedad que padece el partido de presidente Andrés Manuel a nivel nacional, donde también pulularon los enfrentamientos, incluso a balazos.

¿Y a quién le pueda importar esto? Pues nada más que a los 30 millones de mexicanos que votaron por el presidente y que, seguramente, también favorecieron a este partido, considerándolo distintos y depositando su confianza con la esperanza de que realmente se suscitara un cambio en la forma de hacer política en nuestro país.

Lamentablemente, las imágenes de las peleas en las asambleas distritales para elegir a los delegados que definirán a quien será el nuevo dirigente nacional de este partido, evidenciaron el modus operandi de los mismos partidos que tanto denuestan desde el discurso oficial y que, en los hechos, Morena demuestra actuar de la misma forma, con la misma ambición y mañas políticas.

Hay una cuestión también de fondo: si no se ponen de acuerdo entre ellos, ¿cómo le hacen para planear, trabajar a favor de la gente, entre instituciones y otros actores de gobierno que son de siglas partidistas diferentes? Ahí el detalle. Ni siquiera le discurso del presidente atemperado los procesos convulsos de Morena, por lo que es previsible que el presidente, eventualmente, renuncie a este partido, como antes lo hizo con el PRI y luego con el PRD.

Y va a renunciar cuando el repudio de la ciudadanía crezca más contra el partido oficial, como está sucediendo en la Ciudad de México, donde Morena tiene los números negativos más fuertes, ante las pifias y errores de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, quien se ha visto superada por el aumento de los crímenes y asesinatos.

Muchos de los que ahora están en el poder, que tienen un cargo de representación popular, son estrellas muertas: no tiene luz propia, sino que reflejan la luz que desprende el carisma de López Obrador, todavía con buenos niveles de popularidad, aunque los otros números -empleo, economía, inseguridad—no se encuentran nada bien.

Si Morena no entiende que este nimbo de esperanza, fuerza popular que lo rodea y lo encumbra en el poder está condicionado a los resultados que genere a favor de la población, entonces está destinado a convertirse en lo mismo que lapida en su discurso beligerante “de yo soy diferente”.

Bueno, pues que lo demuestren. Porque lo de las asambleas distritales demostró precisamente lo contrario, y los escasos resultados que han obtenido desde el gobierno refrendan esta percepción; la idea de que en el gobierno hay mucho discurso, mucha improvisación, pero nulos resultados.

Hasta el momento le ha resultado al presidente el discurso de la austeridad, de la honestidad, pero cada vez se desgasta más. Cada vez se le aplauden menos sus chascarrillos en la mañanera y sus frases ocurrentes. La falta de crecimiento económico, la contracción de la economía, el aumento de la violencia, tiene la misma raíz del problema. Y no se ve que se haga nada significativo para resolverlo.

Dos puntos

Conforme a los datos publicados el día de hoy por INEGI, Colima fue de las pocos estados que logró un crecimiento económico en el segundo trimestre del año, tanto con relación al trimestre pasado como con el mismo trimestre del año pasado. Es de las pocas entidades, además, que mantiene una tendencia positiva en su crecimiento económico. Lo anterior es un reflejo de una adecuada política financiera del estado, que da confianza a inversionistas y permite generar los empleos que la población necesita. Por eso creció 1.8 y ocupa el segundo lugar nacional, logro que se pondera más si se tiene en cuenta el nulo crecimiento económico del país.