No cuidan ni las formas

El caso de Rosario Robles pudo representar una acción contundente contra la impunidad y una clara señal de la 4T en el combate a la corrupción, desafortunadamente el proceso se desvirtuó por lo que adelantábamos en esta columna el jueves pasado: los intereses vindicativos del presidente Andrés Manuel y su gente más cercana, como Dolores Padierna y René Bejarano.

La animadversión entre Rosario Robles y el presidente –junto con sus adláteres– se origina a principios del 2000 y tuvo su clímax en el 2004, con la difusión de los videos escándalos: Rene Bejarano recibiendo fajas de billetes y preguntando al empresario argentino Carlos Ahumada, en ese tiempo pareja sentimental de Rosario Robles, si no tenía ligas.

El video afectó la imagen de López Obrador, cuyo lema de campaña era honestidad valiente, en sus aspiraciones presidenciales en el 2006, al mostrar a su principal colaborador y operador político incurriendo en actos de corrupción, por los cuales estuvo en prisión ocho meses. A ese video le siguieron otros, todos igual de contundentes al mostrar la corrupción del primer círculo de López Obrador.

En su vil venganza, la 4T no es capaz ni de cuidar las formas, pues quien está juzgando a Rosario Robles y la encarceló sin que el delito por el cual la acusan ameritase prisión preventiva, es nada menos que sobrino de Dolores Padierna, esposa de René Bejarano.

Una vez revelado el lazo consanguíneo que une a Dolores Padierna con el juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna se entiende el odio y la parcialidad en el juicio contra la ex titular de Sedesol, a quien su tía y tío consideran como pieza clave en la difusión del video que afectó la imagen de Andrés Manuel y convirtió a René Bejarano en un impresentable de la política, estigmatizado con el título del Señor de las ligas.

Si realmente al gobierno de AMLO le interesa hacer justicia y combatir la impunidad, sobre todo la relacionada con la corrupción de la clase política, hubiera cuidado las formas y habría auspiciado un juicio justo, legal, limpio, conforme a derecho, en lugar de permitir a Felipe de Jesús juzgar a la enemiga política de su querida tía, tan estimada por él que incluso le dedicó su tesis profesional.

Vamos, si en realidad quisiera combatir la corrupción sistémica habría auspiciado el proceso para que la Fiscalía General de la República fuera contra toda la red de funcionarios que hizo posible la estafa maestra y no sólo, como es el caso, contra Rosario Robles, a quien se le acusa de ejercicio indebido de la función pública, un delito menor.

El problema es que en lugar de hacer justicia y abatir la impunidad de la corrupción, se mancha el proceso con esta clase de absurdos, de excesos que reflejan las deficiencias de nuestro sistema de justicia, los cuales perduran aún en los tiempos de la 4T.

Por supuesto: si Robles es culpable que se le sentencie como tal, pero a través de un juicio justo. Qué necesidad hay de utilizar el aparato de justicia para venganzas personales, como lo hizo el mismo gobierno de Peña Nieto, en el juego político, contra Elba Esther Gordillo.

Dos puntos

El caso del juez Felipe de Jesús debe ser atraído e investigado por el Consejo de la Judicatura Federal, por el obvio conflicto de intereses al juzgar a la enemiga política de su tía y a quien destrozó la imagen pública de su tío.