Realidad vs discurso

El presidente Andrés Manuel López Obrador enarboló como bandera en su campaña la lucha contra la corrupción, causante, afirma él, de todos los males en México. Identificó a toda una mafia, con nombres y apellidos, pero al llegar a la presidencia, hasta el momento, ni uno solo ha enfrentado la justicia. Hablo de los ex presidentes, a quien López Obrador culpó de todas las desgracias del periodo neoliberal. Ellos, los culpables y criminales de acuerdo a la retórica de la 4T, siguen libres e impunes.

Más que justicia, lo que hemos visto es una persecución con tintes partidistas y de venganza personal. El caso más emblemático es Rosario Robles, quien no es acusada por corrupción, sino por una omisión administrativa. Su caso es un claro ejemplo de violación al debido proceso, pues el juez que le declaró la prisión preventiva lo hizo con base a una prueba apócrifa y con un obvio conflicto de intereses, pues es sobrino de Dolores Padierna y René Bejarano; este último, el protagonista de los video escándalos que tanto lastimó la imagen del presidente López Obrador, al exhibir la corrupción de su primer círculo. Y recientemente se suma el caso del ex ministro Eduardo Medina Mora.

¿Por qué si el presidente combate la corrupción no denuncia, pugna, pelea por que los corruptos estén en la cárcel? Ya no los ex presidentes, a quienes dijo que no va a tocar, sino a los de su gabinete. ¿Por qué protege a Bartlett, un personaje ya juzgado por la historia? Un día sí y otro también el presidente fustiga al pasado, lo condena por los dispendios y la corrupción, pero no hay un solo corrupto en prisión. Ni del pasado y mucho menos del presente. Pero la corrupción ahí sigue; no los dice la realidad cotidiana; la vemos, la palpamos como una herida abierta.

Desde el púlpito de la mañanera, el presidente dice números, espeta cifras que indignan a los mexicanos por el derroche y el exceso, pero, ¿dónde están los culpables de los desfalcos, del saqueo, en palabras del presidente? Puro humo y discurso nos ha dado a los mexicanos en estos 10 meses. Y es que si nos doró la píldora 18 años de los grandes corruptos, ¿por qué cuando llega al poder no están éstos en prisión? ¿Es cómplice de los corruptos o, contrario al discurso, no existió tal corrupción, por lo menos no como nos la cuenta el presidente?

Habla de la austeridad, de una pobreza franciscana, miles de millones de pesos ahorrados, pero en los hospitales faltan medicamentos, los padres y madres de niños con cáncer toman las calles para denunciar la falta de medicina que requieren para vivir; los gobiernos estatales denuncian recortes; la economía se estanca y el desempleo aumenta; la violencia se dispara como nunca antes. Pero el presidente nos sigue diciendo que estamos “requetebién”.

Y pregunto: de qué sirven los ahorros si no hay una eficiencia en el gasto, si no existe una clara estrategia que reactive la economía, que impulse el desarrollo, que fomente el emprendimiento de la juventud. Sí, se tiene a los jóvenes en un esquema asistencialista, por un año, que no garantiza absolutamente nada, con un sueldo raquítico de 3 mil 600 pesos mensuales, insuficientes para vivir honrosamente, pero que la abren un boquete a las finanzas federales porque aumentan el gasto corriente (más de 100 mil millones de pesos), lo que representa casi 10 veces el presupuesto de Colima.

¿Por qué no apostarle a la innovación, al emprendimiento? ¿Por qué optar por esquemas del pasado que son susceptibles a utilizarse como mecanismos para la coacción del voto o la movilización partidista? Y que por ciento hay denuncias de que así se utilizan en algunos estados, al grado de suspenderse en entidades como Tabasco.

Pregunto: ¿dónde están los grandes proyectos del presidente? El tren maya: una obra que amenaza con destruir una de las biosferas más importantes del país, que es inviable técnica y financieramente. Santa Lucía: cuyo proyecto ejecutivo no es claro y que no cuenta, o por lo menos no es público, el estudio aeronáutico que permita la operación conjunta con el aeropuerto de Toluca, mucho menos el estudio de impacto ecológico ni el estudio de vialidades e infraestructura que se debe construir para darle viabilidad al nuevo aeropuerto.

Tres bocas: una refinería que es inviable financieramente, costosísima, que tendrá también un fuerte impacto ambiental y que no resolverá el problema energético en el país. Porque el presidente no entiende que no entiende: que el petróleo es un recurso que no es renovable, que terminará ineluctablemente por agotarse. Y en lugar de apostarle a las energías alternativas, seguimos con los mismos modelos antiquísimos, decimonónicos.

Dos puntos

Hay esperanzas de mejorar; eso aún no se agota. Existen expectativas. Pero la realidad ahí está: recesión económica, aumento de violencia y un gobierno que vulnera el propio estado de derecho, que recompensa la privación de libertad y el robo de la propiedad privada. Y ahí está el caso de los estudiantes de la Normal Tenería en Tenancingo: robaron 92 camiones y privaron de la libertad a igual número de choferes para utilizarlos como moneda de cambio con el gobierno de AMLO. ¿Qué hizo el gobierno de la 4T? ¡Les dio plazas de maestro! El gobierno aceptando los reclamos de delincuentes. Así la realidad en esta nueva transformación.